Desinflación Macrista
Una fuerte devaluación y una recesión que apenas comienza hunden la confianza de los ciudadanos y hasta el ánimo de funcionarios en un Gobierno con crecientes internas.
PUNTO DE INFLEXIÓN 
DESINFLACIÓN MACRISTA 
ALEJANDRO REBOSSIO 
Una fuerte devaluación y una recesión que apenas comienza hunden la confianza de los ciudadanos y hasta el ánimo de funcionarios en un Gobierno con crecientes internas. 

Mire que yo suelo ser optimista, pero esta vez el panorama está oscurecido”, admite con pesadumbre un economista que transita los pasillos del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Washington.
“Acá ven que la recesión va a ser más profunda de lo que cree el Gobierno, que el Gobierno no da pie con bola con las medidas que hay que adoptar y les preocupa que se resista a un gran acuerdo económico y social con empresarios, sindicalistas y opositores, aunque es necesario para atravesar esta crisis”, agrega la fuente desde la capital norteamericana.
Y prefiere mantener silencio cuando se le pregunta sobre el presunto desconcierto en el FMI dado que los supuestos macroeconómicos sobre los que se firmó el acuerdo del 7 de junio pasado han quedado desdibujados.
El dólar aquel día cotizaba a 25,52 pesos y este 4 de julio valía 28,71, con el consiguiente impacto en inflación y actividad.
Las expectativas sobre el gobierno de Cambiemos se desinflan. Atrás quedó la imagen del presidente Mauricio Macri bailando, sin globos, pero en el balcón de la Casa Rosada mientras su vicepresidenta Gabriela Michetti cantaba Gilda. Las expectativas de los inversores están desinfladas y así lo manifiestan los precios de los activos argentinos, desde las acciones a los títulos públicos y el peso.
La confianza de los ciudadanos en el Gobierno y en su capacidad de consumo también caen a su menor nivel en dos años y medio de gestión, según lo reflejan los índices de la Universidad Torcuato Di Tella, semillero de funcionarios de Cambiemos como los salientes presidente y vicepresidente del Banco Central, Federico Sturzenegger y Lucas Llach. La confianza en el Gobierno de Macri aún está por encima que la de la administración de Cristina Fernández de Kirchner en sus horas bajas, de 2008/09 y de 2012/015. La del consumidor está mejor que en 2001 y 2002, pero peor que en casi toda la era K, salvo el último de sus 12 años.
La economía que venía creciendo hasta la corrida cambiaria de abril pasado ya arroja las primeras señales de recesión.
Los encuestadores demuestran que la imagen de Macri toca un piso aún alto (37%, según Ricardo Rouvier & Asociados) e incluso algunos de ellos, no la mayoría, miden que por primera vez Cristina Kirchner superaría el rechazo social que provoca entre tantos argentinos y vencería por los pelos a su sucesor en una segunda vuelta para la que falta muchísimo, unos 16 meses.
Rouvier y Raúl Aragón & Asociados dicen que Macri le ganaría por entre 5 y 7 puntos, pero Grupo de Opinión Política, de Raúl Timerman, la da vencedora por un punto, mientras Hugo Haime & Asociados también la ubica victoriosa.
En pleno bajón se cruzan peleas internas en el Gobierno sobre cómo bajar el déficit fiscal primario (antes del creciente pago de intereses de la engrosada deuda). Un día, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, admite que evalúan tocar las retenciones a la exportación del agro, que fueron eliminadas al trigo y al maíz y que están en proceso gradual de rebaja a la soja. Después, Macri recibe este 3 de julio a la Mesa de Enlace para repetirles una vez más que cumplirá con la reducción tributaria. No todos los líderes de las entidades rurales quedan convencidos: algunos sospechan que será imposible que cumplan las metas fiscales con el FMI sin suspender la poda de retenciones.
Mientras, el ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, eliminó el monotributo social agropecuario, que beneficiaba a los que abastecen al mercado interno.
Un día se aplica un ajuste en un hospital modelo que inauguró el kirchnerismo en Florencio Varela y a las pocas horas el ministro de Salud, Adolfo Rubinstein, anuló el recorte.
Este 2 de julio, el ministro de TransporteGuillermo Dietrich, reconoció que analizan un impuesto al turismo en el extranjero mientras Dujovne prometía a inversores externos que no lo haría. Al día siguiente, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, le dio la razón a Dietrich, pero más tarde el ministro de Hacienda, crecido en su poder a partir del ajuste acordado con el FMI, ratificó su postura. A Dujovne le irrita la resistencia de Peña a recortar el gasto o el optimismo de Dietrich, a quien lo obligó a postergar otra vez una compra de trenes.
No por nada el ministro del Interior y Obras Públicas, Rogelio Frigerio, armó una reunión pública con los líderes de la Cámara de la Construcción, Carlos Weiss, y de la Unión Obrera de la Construcción (UOCRA), Gerardo Martínez. Así mostró fortaleza ante los ajustes que se avecinan en la obra pública. Pero cuando este 3 de julio en el Congreso le preguntaron a Dujovne por las cloacas que la Nación le costea a AySA, él respondió: “También podemos recortar obras de agua que se hacen en el interior”.
NAFTA. Tampoco la industria petrolera tiene claro qué hará el ministro de Energía, Javier Iguacel, con las comprometidas alzas de los dolarizados precios mayoristas de gas y electricidad ni con la supuesta libertad del mercado de combustibles. Lo ven tironeado entre Peña, que busca evitar tarifazos adicionales, y Dujovne, que quiere impedir aumentos de subsidios. El ministro de Hacienda promete que en dos años la Argentina exportará gas, pero en las petroleras dudan de las inversiones si hay inseguridad jurídica.
“Dujovne está embobado con la meta fiscal y le chupa un huevo lo político”, se quejan cerca de un ministro.
“Primero quería traspasar el déficit a las provincias, pero es inviable. Nico cambió, en términos de ego, ambiciones. Eso es más grave que los problemas de gestión. Pero internas eran las de antes. Las de otros gobiernos. Acá se maneja un trato mucho más profesional”, se defienden en el gabinete. Allí cuentan que en los focus groups a los que tanto recurre Cambiemos el 70% de la gente percibe que desmejora su situación y la mayoría pronostica un futuro aún peor. “Dejame pasar diciembre y después empieza otra carrera”, dicen los críticos de Dujovne en el gabinete. “De cualquier manera, ni estamos pensando en diciembre.
Déjame pasar estos tres meses y vemos”, concluyen.
Pero no sólo reinan las internas en el “equipo”, como suelen llamarlo los del PRO. También el desánimo. Algunos CEO's siempre recuerdan que resignaron salario para ir al sector público, más allá de las sospechas persistentes de conflictos de intereses o de sobresueldos financiados por la Agencia Federal de Inteligencia (AFI).
Pero esa supuesta pérdida de ingresos tenía un premio: la gloria, que se postergó después de que el plan de ajuste gradual sostenido con endeudamiento externo se pulverizara.
“Hace tres meses te juntabas a comer un asado con los funcionarios para que te contaran sus planes... Ahora si te juntás es para putearlo”, cuenta un ejecutivo de la industria semillera, el mismo que hace unos días recibió un llamado de un ruralista preocupado por las retenciones. “¿Las van a volver a poner?”, preguntó entrecortado.
“No se te oye bien, ¿dónde estás?”, le respondió el semillero. “En el Mundial de Rusia”, contestó.
PUJA. “En todas las discusiones del presupuesto se dan pujas dentro del gabinete, pero la de 2019 tendrá mayor crudeza”, admite uno de los funcionarios presentes en la última exposición de Dujovne en el Senado.
“Todos estamos sorprendidos por la magnitud de la turbulencia y los más inexpertos están desorientados. Tuviste que subir mucho la tasa para controlar al dólar y eso te complica el crédito bancario, pero es bueno si recuperás la confianza”, completa.
El economista jefe de uno de los bancos extranjeros radicados en la Argentina está preocupado pese a que un día baja el dólar a fuerza de elevar las tasas de interés de las Letras del Banco Central (Lebac) a más del 60% en el mercado secundario.
“Acá faltan dólares y no hay forma de conseguirlos. Dujovne nos dijo a los inversores que bajarían del 5% al 3% el déficit de cuenta corriente (componente de la balanza de pagos compuesta sobre todo por la balanza de exportaciones e importaciones), pero para eso necesitás no sólo devaluación sino una recesión más profunda y larga que la que quiere el Gobierno. La plata del FMI te alcanza para cubrir los vencimientos de deuda de 2018, pero no los de 2019 ni tampoco las letras de corto plazo en dólares que te vencen en noviembre que viene”, analiza el economista de la banca foránea, que teme hasta una cesación de pagos. Los credit default swap (CDS), seguros antidefault, de la Argentina están más caros (443 dólares) que los de Grecia (316). Los CDS indican que existe un 26% de probabilidad de default en los próximos cinco años, 52% en diez años y 89% en 30 años.
En cambio, en uno de los principales bancos nacionales niegan cualquier posibilidad de default y comparten los pronósticos del Gobierno: “Nuestros economistas dicen que la guita del FMI alcanza y le creemos a Dujovne cuando dice que no habrá que salir a los mercados de deuda hasta 2020. Bajar el déficit fiscal primario a 2,7% del PBI en 2017 es fácil. Al 1,3% en 2018 es más complejo, pero el FMI te permite un 1,5% si hay necesidad de más gasto social. Esperamos una recuperación en el cuatro trimestre de 2018 y que en 2019 haya una buena cosecha, porque nunca hubo dos años de sequía seguidos, y que los precios de la sojaestén mejores que ahora (el menor nivel en diez años)”, se ilusiona el banquero. En otra entidad vecina del Microcentro aseguran que cada semana se presenta un cliente pyme en concurso preventivo por el estiramiento de la cadena de pagos.
El banquero optimista admite: “Acá no vemos eso, pero con estas tasas no podés prestar ni a las grandes empresas.
Cuando se estabilice el dólar, bajarán. Por ahora pusimos freno a la apertura de sucursales, cayó la demanda de crédito hipotecario, las empresas sólo se endeudan a corto plazo y crece la mora de las personas de ingresos bajos”. Añade que los inversores especulativos pueden volver si la avaricia los puede, pero el hecho de que ya no está asegurada la reelección de Macri y de que vuelva a sonar la “letra K” los ahuyenta. “Más que las peleas en el gabinete asustan más (el presidente de la UCR, Alfredo) Cornejo o (el jefe del bloque de senadores peronistas, Miguel Ángel) Pichetto con sus reclamos”, agrega el banquero.
MESA. En la mesa política de Macri, que integran Peña, Frigerio, el diputado Emilio Monzó, la gobernadora María Eugenia Vidal, el jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta y los radicales Cornejo, Ernesto Sanz y Gerardo Morales, aclaran que no negociarán el presupuesto 2019 con un “revólver en la cabeza”. “Si el PJ no acompaña, gobernaremos con el presupuesto prorrogado. No es lo mejor para la imagen de confianza exterior en el país, pero tampoco es una tragedia”, comenta uno de la mesa chica y aclara: “La charla con el peronismo no implica de ningún modo incorporaciones al Gobierno.
Una eventual crisis grave también se llevaría puestos a gobernadores e intendentes peronistas. Y las encuestas marcan que cada punto que perdemos por la incertidumbre económica no va a parar a los virtuales candidatos moderados del PJ, sino a Cristina. El fantasma de ella los sigue disciplinando, aunque no les guste”.
El peronismo presiona para que la Nación transfiera a Vidal y Larreta el costo de subsidiar AySA, Edenor y Edesur y Dujovne se reunió con ambos gobernantes del PRO este 2 de julio para conversar al respecto.
Larreta acepta un proceso de transferencia gradual, pero Vidal gobierna una provincia con menos recursos, con un cuadro social que se complica, resiste cualquier traspaso e incluso se ha elevado el gasto en pymes y jubilaciones.
“El optimismo está intacto”, se entusiasman en la mesa chica de Macri.
"Sólo hay que ajustar el discurso a la realidad de la turbulencia financiera actual, sin negar lo evidente de esta crisis. pero el acuerdo con el FMI es flexible en sus metas más delicadas”, confían en el círculo íntimo de Cambiemos.
Si se incumplen objetivos de reducción del déficit fiscal primario e inflación o de sostenimiento de las reservas del Banco Central, siempre puede negociar un waiver o perdón con el alta política del Fondo, es decir, el directorio donde pesan los gobiernos de los países más poderosos como Estados Unidos, Japón, China o Alemania. En 2001, esas potencias se cansaron de que la Argentina incumpliera las metas e interrumpieron los desembolsos del rescate.
Pero en la mesa chica confían: “Es incomparable la caída de la actividad económica con la de 2001. Esto es una desaceleración, no un derrumbe.
La otra diferencia clave es el escenario social: entonces no había una red de contención con subsidios. Hoy hay un piso, y además hay una trama de movimientos sociales que contienen, y aunque sean antioficialistas, se sientan a la mesa de (la ministra de Desarrollo Social) Carolina Stanley a conversar o al menos a putear.
No hay alerta por estallidos sociales para diciembre”.
Un integrante del gabinete desde la primera hora está menos esperanzado: “Estamos en jaque. Si no recuperamos la confianza, perdemos. La gente nos aguantó hasta principio de año. Lo peor que nos puede pasar es que la gente pierda la esperanza.
Nos van a dejar de votar. Cristina era una vendedora de espejitos de colores.
Hay un golpismo explícito en la oposición. Estamos perdiendo una Carrió reacciona proponiendo a la clase media que dé más propina. “De ‘van a llover inversiones’ a ‘por favor den propinas’”, comentó por Twitter la socióloga Alcira Argumedo, que en 2013 había llegado a la Cámara de Diputados en alianza con Carrió.
En el Gobierno se despegan de la líder de la Coalición Cívica y apuntan a controlar el dólar, acordar el presupuesto con el PJ más amigable y recortar lo mínimo posible las obras públicas, dado que Macri se encomienda a ellas para su reelección.
“Esperamos que, una vez que se logre calmar al dólar, se pueda ir bajando gradualmente la tasa y eso reactivará la actividad económica a final de año o comienzos de 2019, lo cual nos dará aire para encarar el año electoral con buenas perspectivas”, sostiene un miembro de la mesa política de Macri. Es el aire que necesitan para volver a inflar los globos.

ALEJANDRO REBOSSIO es Editor de economía de NOTICIAS.

Macri, Vidal y Larreta negocian el ajuste. El presidente del Banco Central, Luis Caputo, busca domar al dólar.

Foto de tapa

Se dice que una imagen vale más que mil palabras. Tal fue la apuesta de NOTICIAS para esta edición: una imagen simbólica sin título ni apelación textual alguna. También se dice que, a veces, menos es más.

Por EDI ZUNINO
CHIQUITA Y LILITA
Han sido, al menos hasta aquí, las dos grandes divas mediáticas del macrismo.
Ambas artistas exclusivas de Artear, una con contrato y la otra por vocación. Ambas muy influyentes en la población de clase media, una con rating y la otra también, pero además con votos que otras veces le fueron esquivos. Ambas anti K desde las entrañas, una con sentido común y la otra en tantas ocasiones sin él, pero intelectual, valiente y sobre todo mística en tiempos de aferrarse al milagro salvador...
Mirtha Legrand y Elisa Carrió han ingresado en la faceta económica de la militancia M. Ninguna sabe un comino del asunto, pero ya lo dijo James Carville: "¡Es la economía, estúpido!".
Y hay que bancar los trapos del Gobierno a morir. Cambiando el Gabinete completo, como dice Chiquita.
O dando propinas y changas y apagando la tele, como dice Lilita, porque los comunicadores se están poniendo pesimistas.
Ahí es donde sus caminos se bifurcan.
Ya veremos hasta qué punto.
La Legrand es comunicadora: no puede alejarse demasiado de la audiencia, que encima viene en baja.
Del otro lado de la pantalla nadie está viviendo, precisamente, una fiesta.
Hay que pegar.
La Carrió es política: no puede permitirse piantar votos. El 2019 es todo o nada. Hay que sostener.
Sus circunstancias son distintas.
Una depende del próximo programa.
La otra, de la próxima elección.
Por eso fue Lilita la que dijo, apenas estalló la crisis: "El dólar se va a quedar en 23 pesos, yo nunca engaño a mis votantes". Monumental pifiada.
Por eso es Chiquita la que dice, al cierre de esta edición: "Yo creo que (el dólar) va a seguir subiendo, así que apúrense a comprar". Temerario pronóstico, en línea con el sentido común alimentado por la percepción callejera.
Elisa Carrió no frena el dólar.
Si sube más, la culpa no habrá sido de Mirtha Legrand.
Lo que acaba de terminar para el oficialismo es la era del entretenimiento bobo. Del eslogan. Del buenos días su señoría mantantirulirulá. De la comedia romántica.
El espectador y el votante son la misma persona, que percibe los problemas en la vida real.
Empieza el tiempo de los conflictos intestinos. De los pases de facturas y las desmentidas mutuas. De las bifurcaciones, pero al por mayor.
¿Comedia negra? ¿Sainete? ¿Drama? El género será impuesto más allá de Chiquita y Lilita. Ellas apenas son metáfora. Intérpretes estelares.
Aun así (y por si acaso), ambas se pusieron al borde del adiós.
"Esto así no puede continuar", mandó a parar la mano ML. Tiro libre.
"Decile al Ejecutivo que la próxima rompo", había avisado EC con la excusa del aborto. Pelota afuera.
Si algo saben las dos es todo lo que, de última, tienen por perder.
Romper lanzas resultaría más sencillo, de algún modo, para la dama de los almuerzos y las cenas que para la excéntrica diputada.
Una cosa es acompañar con buenos modales a un Gobieno desde la frivolidad de una mesa bien servida.
Y otra, muy diferente, asumirse como valuarte moral del mismo a la vez que como médium de la sensibilidad social del Presidente.
Mirtha es, en el más jugado de los casos, una dama de compañía. Bijouterie.
Celebración.
Carrió es, en innumerables sentidos, un valuarte. Cimiento. Combate frontal.
Si la preocupación extrema de Chiquita mutara en frustración absoluta, Macri tendría un problema simbólico.
Fuegos artificiales.
Si la decepcionada fuese Lilita, Macri debería soportar un terremoto.
Bombas judiciales incluidas.
Tienen como gran excusa de permanencia el fantasma de otra diva, la de la "década ganada". Cada vez que la popularidad del Presidente cae un punto, la única que sube es su antecesora. Borrada de la escena pública, Cristina Kirchner literalmente brilla por su ausencia.
Es la madrastra de Blancanieves, Kruella De Ville y Maléfica juntas, amenazantes desde un lúgubre rincón del Palacio Legislativo conectado por túneles hediondos con el de los Tribunales. La baba del Diablo y la sangre de Drácula todavía no llegan al río. Pero ya dos encuestas han señalado, por primera vez en dos años y medio, que CFK podría llegar a ganarle a MM en una segunda vuelta.
En el remoto caso de que ello pasara a ser tendencia, ¿qué harían Chiquita y Lilita? Las divas nunca fracasan. Siempre son víctimas de alguna oscura circunstancia.

* DIRECTOR DE REVISTA NOTICIAS

Por CARLOS FARA

DECEPCIÓN Y ANGUSTIA

Definitivamente se ha instalado un clima de decepción y angustia en la mayoría de la sociedad argentina. La mezcla de variables económicas descontroladas son los emergentes de esta situación. Sin embargo, el problema por el que atraviesa el Gobierno es más profundo. Por debajo de la superficie lo que se observa es: 1) la pérdida de confianza en un liderazgo presidencial que se ha desdibujado de la mano de la sensación de improvisación y falta de suficiente muñeca para pegar volantazos, y 2) el regreso una vez más al FMI es toda una señal de “otra vez sopa” para el imaginario argentino, más allá de la necesidad objetiva que podría haber existido.
Este cuadro es lo que hizo que el Gobierno llegara a su punto más bajo de aprobación desde que asumió, y que esta vez le costará reponerse más que nunca, ya que se ha vencido el crédito otorgado en la elección legislativa del año pasado. Mucho más aun cuando los meses que vienen serán quizá los peores de la era Macri, con estanflación. Eso hará que 2019 asome mucho menos optimista de lo que todo el mundo imaginaba hasta sólo seis meses atrás.
Como consecuencia, parecería que la mesa presidencial ya no está tan compacta, y eso es porque ahora empieza a contar la suerte individual de cada uno de sus integrantes.
Y la gobernadora y el jefe de Gabinete quieren preservarse de la mancha venenosa que significa hoy la gestión presidencial. ¿Esto significa que se rompió? En absoluto.
Pero en las crisis es cuando se puede observar cuánta unidad conceptual hay en un equipo. Y en este equipo están de acuerdo en los conceptos básicos, pero la tormenta superó lo esperado. Cualquier gobierno tiene etapas graves que afrontar. El punto es cuándo eso obliga a la cabeza a hacer revisiones que están más allá de los nombres y de su voluntad.

CONSULTOR POLÍTICO.

Por MARINA DAL POGGETTO

HONDA RECESIÓN

Cuando las cosas afuera van bien y entran capitales al país, no hay nada que la política económica pueda hacer para que nos vaya mal en el corto plazo.
Cuando las cosas afuera van mal y salen capitales del país, no hay nada que la política económica pueda hacer para que nos vaya bien en el corto plazo.
La política económica tiene consecuencias que hacen a la sustentabilidad, tanto cuando el mundo nos sonríe y hay grados de libertad para alargar el horizonte de las decisiones, como cuando los grados de libertad se achican y se debe reaccionar frente a una fortísima toma de ganancias en un mundo donde el crédito se encarece y el dólar se fortalece, y frente a una economía que eliminó todas las restricciones a los movimientos de capitales de corto plazo en paralelo a un Banco Central que compró reservas con pasivos remunerados (Lebac) cuando estos capitales entraban.
El Gobierno está decidido a ponerle freno al dólar en torno a $ 28 restringiendo la liquidez de la economía con tasas de interés que superan el 50%, forzando los límites de intervención en el mercado cambiario acordados con el FMI e intentando un cambio de pasivos en pesos remunerados del Banco Central (Lebac) por deuda del Tesoro en dólares a un año. La contracara es una recesión pronunciada y una inflación que escala menos que las presiones de costos, en muchos casos dolarizados. La apuesta es a reabrir el crédito y moderar las presiones. El riesgo es que el impacto político de la recesión con inflación, la menor capacidad de intervención en el mercado cambiario y el mayor endeudamiento del Tesoro en dólares reduzcan más la libertad de la política económica.

ECONOMISTA DE ECO GO.
Por SANTIAGO KOVADLOFF
ENFERMEDAD CULTURAL
Hay desaliento, enfermedad cultural.
¿Por qué la gente votó a este gobierno? Para terminar con una pesadilla de 12 años que estuvieron, mediante el populismo, alejados de todo ideal de afianzamiento republicano, seguridad colectiva y desarrollo de país en el marco de la vida constitucional. Hay que agregar la expectativa de recuperación económica.
Cuando el Gobierno asume el poder, confunde la profundidad de la enfermedad socioeconómica con una convalecencia corta.
Debía haberse situado de un modo realista ante una sociedad que demandaba soluciones, pero no cortoplacismo. Si se hubiera diferenciado la necesidad de sostener la ayuda a los más necesitados con exigencias estrictas a los de más recursos, el Gobierno habría encontrado un apoyo mayor que el actual.
Hay decepción en sectores de clase media por la imposibilidad de llevar adelante un milagro fruto de un discurso demagógico que intentó encubrir la responsabilidad que tenía para resolver estos problemas. En nuestro país la ilusión de salir de las crisis rápido suele ser una propensión marcada en la historia. Desconocemos la idea del sacrificio programático, no el sacrificio pedido como consecuencia de la pobreza, los desaciertos o la demagogia.
Tampoco hay transición del populismo a la estructura republicano- democrática si no se constituye una oposición que comparta ese ideal. Si la lucha es simplemente por el poder, la ley estará siempre sujeta a las ambiciones de poder. Nunca estará supeditado el poder a la ley, que es indispensable para que los proyectos de largo plazo puedan prosperar en un país enfermo de coyunturalismo.

ENSAYISTA Y POETA.
Por MARISTELLA SVAMPA

EL INVIERNO DE CAMBIEMOS
Un escalofrío y no precisamente producido por las bajas temperaturas de invierno recorre a los votantes de Cambiemos.
Hasta hace poco algunos todavía apelaban a la tesis de la “herencia recibida”, o decían que había que “darle tiempo”, “dejarlo gobernar”. Dos años y medio después, ambas coartadas están desgastadas. Muchos votantes de Cambiemos hablan abiertamente de su decepción. Del lado de las clases medias, porque sienten que la política económica, marcada por la alta inflación, los tarifazos interminables, la caída del salario real, los despidos masivos, la apertura indiscriminada a la importación, está lejos de pensarlos con ellos adentro. Del lado de las clases populares, porque ven cómo aumenta el desempleo y la inseguridad, cómo se incrementan las demandas de alimentos en los comedores y escuelas, cómo se amplían las brechas de la desigualdad.
Ya no hay expectativas, pocos confían en la supuesta expertise de los “exitosos” CEO’s, provenientes del mundo empresarial. Todo lo contrario.
La desconfianza y la desazón apunta sobre todo a ellos, que además de vivir en la burbuja de los súper ricos y perseverar con sus cuentas offshore, la única solución que ofrecen al desastre económico es volver al FMI y reactualizar recetas neoliberales que, es sabido, siempre condujeron al fracaso.
Muchos se dieron cuenta de que el antikirchnerismo militante no es condición suficiente para hacer una “buena gestión”, que las políticas sociales compensatorias no los convierte ipso facto en un “populismo conservador”, que la promesa de las indemnizaciones para los despedidos no basta para alegar “sensibilidad social”. El Gobierno, perdido en el laberinto del retroceso social y el agravamiento de la crisis, se revela cada vez más como un fraude, mientras consolida algo que quedará en la historia como su marca distintiva: la ceguera de clase.